En mi casa siempre hemos sufrido de un problema que no sé si fue que ya lo traÃan mis papás o se fue creando en medio de toda esa mescolanza que nos gusta llamar familia. La verdad es que carecemos terriblemente de disciplina y constancia para hacer las cosas y sobretodo para seguirlas haciendo, asà que aunque me dé pena aceptarlo (a mÃ, que soy el que pone la cara), nuestra mayor afición es coleccionar cosas a medio terminar.
Y claro, en ese orden de ideas, de tradiciones ni hablar. Lo más parecido a eso que recuerdo fue esa época en la que el plan de los fines de semana era tejer una gran alfombra a mano (?) mientras nos acompañábamos viendo cualquier cosa en televisión. Esa sà que era una bonita y ridÃculamente hippie tradición, que por supuesto no duró más de uno o dos meses (porque es que eso duran las tradiciones en mi familia), asi que el único que se benefició del pedazo de alfombra que llegamos a tejer fue el perro de turno, quien durmió cómoda y cálidamente hasta el dÃa de su muerte..
Y bueno, por el estilo hay mil pruebas tangibles de lo que digo: una eterna colección de aparatos extraÃdos de las televentas, la raqueta de tenis de mi papá, la guitarra de mi hermana, mi teclado, mi telescopio o ese curso de inglés que está sin estrenar y que si a alguno se le ofrece ahi lo tiene a la orden por una cómoda y negociable suma.
Por ahi mismo andan al azar algunas revistas de Petete, una inmensa variedad de álbumes a medio llenar, algunos de los fascÃculos coleccionables de El Tiempo (tenemos el de la foto satelital de América, la invención del telégrafo y el de cómo crear macros en Excel) y también por cierto la enciclopedia Lexis 22, de la que sólo tenemos el tomo A-AMEO y el AMER-AVEM.

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