No tengo muy claro si con 41 años todavía se le puede decir niño genio, pero que al menos el calificativo sirva para dar una idea. A Ben Folds lo conocí escuchando radio hace años, cuando el hit baladoso del momento era una canción de su grupo Ben Folds Five llamada Brick, que hablaba de una pareja de noviecitos que sin querer quedaron embarazados y luego de un aborto todo se les fue para el carajo. La historia que era mejor un chisme, vino a tener sentido años más tarde cuando el cine sin subtitular y otras canciones mejoraron mi comprensión del inglés. Esta canción, tan taquillera ella con su música derretidora de corazones, le costó al quinteto perder un montón de fans (aparentemente los que tenían más plata) hasta que Ben Folds Five como tal dejó de existir y en adelante Ben Folds se convirtió en solista.

Ben Folds

Dado que el tipo es principialmente un piano-man y además porque usa gafas y la gente es muy prejuiciosa con esas cosas, podrían muchos decir que es un músico blando o clásico o convencional. Por suerte él se encarga de que uno no piense eso porque no es así en absoluto. Como si realmente tuviera esa idea en mente, colecciona y exhibe experimentos grandes y pequeños que a mí me impresionan y que si bien no son hazañas, al menos son gestos divertidos que hacen que el personaje detrás de ese piano sea diferente a cualquier otro personaje detrás de cualquier otro piano, y eso es algo que uno a veces agradece.

Un ejemplo puede ser el cover de Such Great Heights de The Postal Service. Esta canción se había hecho famosa por ser parte del soundtrack de Grey’s Anatomy y aparentemente a Ben le gustaba mucho. Un día lo invitaron a un programa de televisión australiano donde lo iban a entrevistar y como parte de eso tenía que tocar un par de temas ahí en vivo. Lo que él no tenía muy claro y que supo apenas diez minutos antes de empezar, era que uno de esos temas debía ser un cover.

Entonces, como negarse no era una opción (porque negarse no es un gesto divertido), improvisó. Escogió la canción más escuchada de su iPod (que era justamente la de los Postal) y en cinco minutos logró la armonía en el piano. Pero le sobraba tiempo. Entonces agarró un par de vasos, recipientes plásticos, platos, cucharas y un destornillador. Luego mas o menos llamó a unos señores que atravesaban el pasillo con unos rollos de cable al hombro y con eso armó la percusión (con los señores. los cables se quedaron afuera). Luego le dió play a todo el cuento y lo que pasó después queda en el video.