En los más de 10 años que llevo diseñando sitios web, la usabilidad ha sido un criterio aplicado a mis trabajos nada más de manera instintiva. Si vamos a analizar el por qué de mi falta de interés al abordar este proceso más formalmente, quizás la razón principal sea la preocupación que me produce verme obligado a replantear la forma en que trabajo y perder el componente experimental que cada proyecto de diseño representa. Prototipar en esqueletos y luego maquillar me parece aburrido y me entusiasma poco.

Pero es que este es un fantasma de esos que asustan y ahora como que le dió por perseguirme para ‘jalarme las patas’ o yo qué se. Por un lado los clientes que cada vez entienden más (o hacen como que entienden) y exigen tecnologías, estándares y, en el caso más reciente, hasta pruebas de usabilidad. Por el otro lado, la gente que trabaja, como yo, de este lado de la red, cada vez se interesa más por promover la usabilidad como algo que al final nos sirve a todos.
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Un ejemplo puede ser la activista intenetera Natalia Vivas (a veces conocida como Molly Parker). El otro día pidió mi opinión acerca de la imagen de su nuevo proyecto, apenas en desarrollo por esos días. Discutimos alrededor del tema y concluímos que era mejorable. Le ayudé entonces con un loguito, un cabezote y un par de ajustes sobre la hoja de estilo.

El proyecto de Natalia se llama usarte.org y es la primera comunidad para la usabilidad en Colombia. Por ahora la cosa está apenas empezando pero tiene el potencial para convertirse en algo grande. Cada vez se unen más usuarios y hay que ver qué pasa.