Cuando tenÃa algunos años menos y era oficialmente un niño, estaba bien tener Nintendo, pero tambien se hacian caucheras, se jugaba fútbol y se montaba en bicicleta. No digo que cazáramos mariposas o construyéramos casas en los árboles, pero joder, tenÃamos un poco más de vida, más mugre en los cachetes que los niños de hoy.
Una de las mejores cosas era montar en bicicleta, jugara caravana por todo el conjunto con los otros niños, “chuparle llanta” al de adelante y luego frenar en seco para dejar la marca más larga sobre el pavimento. Cuando eso, aclaro, acabábamos de superar la horrible Monareta y ya estábamos montando en bicicletas Cross, por supuesto con freno Coster.
HacÃamos carreras y habÃa una niña que cronometraba el tiempo con un reloj Casio que me habÃa regalado la tÃa gringa el dÃa de mi primera comunión. Yo era delos que llegaba de ultimo casi siempre, me gustaba disfrutar del paisaje, bajar los andenes apoyando las piernas, frenar cuando pasaba por un policÃa acostado, hacerme a unlado cuando venÃa carro y asà todas las medidas que fueran necesarias para llegar con vida a la tienda de Don Enrique.
Como quiera que fuera, aunque hubiera llegado de último, era tradición de todos al llegar a la meta, preguntarle a la niña, de quien ya casi no me acuerdo… “¿cuanto me hice?” mis tiempos eran ridÃculos pero igual lo disfrutaba y no me acomplejaba por diferencias insignificantes de 2 o 3 minutos.
Hoy estaba en un café internet, el café de Helenita, donde la única que toma café es ella, y luego de ver mi e-mail y revisar el blog, salÃ, me acerqué a Helenita y le pregunté espontáneamente “¿Cuánto me hice?” ella me miró y se rió. Yo también, como un idiota.
Será Helenita la niña del cronómetro? quien sabe, pero que me gusta Helenita, me gusta.

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