
Hace unos años cuando me volví un oficinista, reconocí en el día a día un patrón casi enfermizo. En su momento quise teorizar al respecto pero por ese entonces mis amigos estaban apenas en la universidad, así que si quería hablar de ‘cosas de oficina’ tenía que hablar con mi papá. Pero en ese momento hablar con mi papá no aplicaba por varias razones. La principal es que yo era un adolescente y los adolescentes no hablan con sus papás. Esto es una verdad especialmente cierta ahora que sabemos que todos los adolescentes son emos.
Para el que está lejos de ambientes corporativos voy a describir el panorama de manera bien detallada: en las oficinas la gente se desplaza. Del cubículo al dispensador de agua, del dispensador de agua al cubículo, del cubículo al baño, del baño al cubículo. Y repite. El número de repeticiones depende directamente de la cantidad de agua ingerida y el tamaño de su vejiga. En esos desplazamientos ocurren cosas de todo tipo pero concentrémonos sólo en este hecho: imagine la rutina anteriormente descrita, repitiéndose varias veces al día. Multiplíquela por el número de empleados de la empresa. Superponga las rutinas de todos los empleados, con sus repeticiones, entrelazadas una sobre otra en un plano espacio-tiempo general, común a todos. Es así, los empleados se cruzan entre sí todo el tiempo.
Hay gente a la que no le gusta cruzarse con otra gente pero la realidad es que, aunque usted pretenda evadir el flujo de gente escabulléndose por un pasillo en remodelación o dando una vuelta más larga para llegar al baño, siempre se va a encontrar con la señora de contabilidad o con el señor que le ayudó el otro día a configurar la impresora. Es inevitable, no importa que usted sea un asocial declarado, no importa que usted sea el metalero de la oficina y nadie quiera dirigirle la palabra. Siempre, por lo menos, sus compañeros van a querer dar alguna señal y van a querer que usted les diga de alguna manera “reconozco su presencia en este momento, en este espacio”.
Todo el mundo parece necesitar ese gesto, esa señal. Es por eso que no basta con cruzarse. Cruzarse es fácil. El problema es saludarse. Y no sólo saludarse una vez, el primer saludo es un “Hola” y ya con eso basta. Pero cuando uno se cruza por segunda vez en el día con una misma persona ya el “Hola” no aplica y hay que volverse creativo. Es ahí donde nacen los apodos y los nombres recortados. Es ahí donde uno aprende a saludar levantando las cejas. Es ahí donde a su paso alguien le dice “ilustre!” y usted mecánicamente contesta “maestro!”. Entonces es el momento de alejarse preguntándose mentalmente “¿cómo hemos llegado a esto?”.

14 comentarios
Mancho
25|Sep|2008 1Buenisimo. Continuo la lista: patron, primo, cliente, hijo, amistad, llaveria, calidad…
Juan Diego
25|Sep|2008 2por cierto, ya seinfeld había hablado de lo mismo en uno de sus monólogos.
“To me the most annoying thing about the couple of times that I did work in an office. Is that when you go in, in the morning you say Hi to everyone and for some reason throughout the day you have to continue to greet these people all day every time you see them. I mean you walk in “morning Bill, morning Bob, how you doing? fine” Ten minutes later you see him in the hall, “How ya doin’?” Every time you pass you gotta come up with another little greeting. You know you start racking your brains you know you do the little eyebrow “Hey” You start coming up with nicknames for them. “Jimbo.”"
astronautaperdido
25|Sep|2008 3Otra variable que incide en el desplazammiento: la adicción a la nicotina y la ansiedad generada por el trabajo de dificultad alta. Ese, diría yo, es mi principal motivo. // De mi lado, yo me declaro perdedor en la materia de “bellas frases de cortesía”. Yo simplemente muevo el dedito así, como diciendo: “… “. Y cuando no es el dedo, son los ojos, como diciendo “……….”.
carloscaicedo
25|Sep|2008 4Si hay algo peor que el forzoso desplazamiento son los eternos segundos al frente del cafetín.
Mientras algún otro coffeejunkie se sirve una ración mas o uno hace cola para buscar mas agua, es inevitable tener que cruzar mas de una palabra.
En esos casos es donde expresiones como ¿Cómo van las cosas? o ¿Mucho trabajo? son perfectas para superar sin traumatismos severos semejante situación.
Claro que, para personas con las que toca tener mas confianza (por ejemplo, con aquellas con las que topas mas de una vez al día) funcionan mas expresiones confianzudas como ¿que tal tu fin de semana? (si la situación se presenta un lunes o un martes) o si no ¿qué vas a hacer el finde?.
Sin importar la respuesta o las veces que hagas la pregunta, superas el obstáculo social sin mayor problema.
alejopq
25|Sep|2008 5el saludo con la ceja, lo aprendí desde la universidad, donde luego de una clase de mañanera, uno ya no quería dar los buenos días, una alzada de cejas o ignorar por completo al sujeto el resto de dia, eso de ignorar es lo que hacia muchas veces en mi rutina como dron oficinezco.
yosola
26|Sep|2008 6Ahora, lleve eso al absurdo. Es decir, piense en México. Piense en oficinas de gobierno en México. Acá la gente no se limita al pequeño comentario de saludo, no. Ellos, tan mexicanos y amables como pueden ser, si se detienen a preguntarte por el trabajo, por la familia, por el clima, por el tráfico.
Yo ni le quiero contar cuántas veces al día me preguntan a mi por “la bici” como gran tema de conversación.
gerente
26|Sep|2008 7por eso tengo baño en mi oficina y una neverita …
Juan Diego
26|Sep|2008 8a mí en últimas me parece hasta divertido hacerlo cuando se tiene conciencia de lo que está pasando y de cómo funciona uno de mecánicamente en ambientes de estos.
lo de la visita que dice yosola ocurre también por acá, yo quise hacer énfasis apenas en el hecho de que por cada encuentro uno se ve obligado a improvisar una forma de saludar, cambiando el nombre, usando muletillas, simplificando todo, complicando todo, gestualizando, etc.
Patton
26|Sep|2008 9Es de las cosas que más valoro de trabajar en casa.
Y nada más ofensivo que cuando no se saben el nombre de uno le digan “campeón”.
Alrevez
26|Sep|2008 10jhonq
29|Sep|2008 11no se….tal vez esos encuentros por lo general son una lata, siempre hay alguien al que uno considera un pedante pero ni modo…creo q el ser asocial no significa ser descortés…no?….”campeón”, “llavería”, “parce”, “calidad”…no es ser hipócrita, sino medianamente amable…
Juan Diego
29|Sep|2008 12@jhonq: lo del asocial lo decía más por mí que por cualquier otro, esto más que atacar a alguien es para burlarse de uno mismo y sus tics. en útlimas todo ese folclor lo que me parece es curioso y no me molesta en absoluto. me pone a pensar nada más, si me molestara ya hubiera salido corriendo hace rato a trabajar desde una finca en tenjo o qué se yo.
jhonq
29|Sep|2008 13jajajajajajaja
pero no dije q le molestara…..es simplemente un rollo protocolario….. “quiubo, chao”…..nada más..
y si se abre pa una finca en tenjo me le apunto….eso si, que haya una tienda cerca pa los cigarrillos.
Munera
18|Nov|2008 14No joda, Juan Diego. No tenia ni idea de que habia aprendido tanto de la gente de Todosport (no quiero dar nombres)… jejeje.. Me divierte mucho su blog y para un cucho como yo es toda una proeza que escriba algo en este tipo de vainas. Es mas, es la primera vez que lo hago. Lo cierto del caso, es que seguramente alguna vez nos levantamos las cejas, pero yo ni me percate…
Un abrazo y que siga con su creatividad.
CA
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