El Papa murió el sábado a las 2:37. Inmediatamente en las oficinas del Canal Caracol se pusieron a maquinar un detalle espectacular digno de tan magno evento. Pusieron a la gente del noticiero a hacer pantalla toda la tarde mientras el resto del personal estaba reunido en la cafetería dandole vueltas al asunto.
La solución no tardó en llegar. ¿Habrá sido idea del doctor Flores, de Olguita la de contabilidad o de Marlen la de los tintos? No lo sé. El caso es que el domingo a las 4 de la tarde ya estaban transmitiendo “El Niño y el Papa”.
Para los no iniciados, “El Niño y el Papa” es una joya del cine nacional de fines de la década de los 70 protagonizada por un niño cualquiera, Verónica Castro y el Papa Juan Pablo II. Aunque hay que aceptar que el papel del Papa es bastante secundario. Bien pudo haber sido “El niño y el Presidente Nixon”, “El niño y El Diego” o “El niño y Linda Rondstat” y con todo eso no hubieran tenido que esforzarse demasiado modificando el guión.
Como quiera que fuera, le dieron la oportunidad al Papa. Nada de dobles, nada de casting, nada de caracterizaciones complejas ni maquillaje costoso: El mismísimo Papa, ingenuo él, fue filmado desde que pisó suelo colombiano hasta que partió en su Papamovil hasta el aeropuerto. El hizo lo suyo, dijo lo que tenía que decir, fue a donde tuvo que ir, levantó la mano cuantas veces fue necesario y ni se enteró el pobre.
Ahora el hombre murió y nada que hacer, “qué pecaito” dijo mi mamá. Mi abuela le hizo el coro. A mí la verdad no me conmueve mucho pero debo decir que, a pesar de que esto era algo que se veía venir así muuuy leeeento, me cayó por sorpresa. Juro que no pensé vivir para ver un cambio de Papa y no sé si el sucesor me vaya a caer en gracia tanto como el segundo.
Y es que si había una vaina que tuviera sentido en la vida era que el Papa fuera el Papa tal cual lo conocimos. Y es que su imagen era de una coherencia impecable con su título. A uno le decían algo del Papa y uno ahi mismo lo relacionaba. Eso, claro, ayudado por el hecho de que el hombre sí tenía en serio su carita como con forma de papa.
No sé a quién se le ocurrió empezar a decirle Juan Pablo a un señor con nombre de polaco, ignoro por completo si el que viene será Juan Pablo III y por supuesto desconozco cual sea el mecanismo para elegirlo.
De hecho, estoy casi seguro de que los encargados de tomar esa decisión están en el mismo lío. Habrán entonces de remitirse a unas viejas instrucciones plasmadas en algún viejo manuscrito escrito en algún viejo pergamino enrollado con una vieja cinta guardado en un viejo cofre depositado en un viejo baúl arrinconado en una vieja cripta enterrada en alguna vieja iglesia vigilada por un viejo guardia.. y su vieja.

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