Old size nines

¿Le ha pasado? Uno de esos días en los que uno se levanta pensando “estos zapatos están muy viejos, ya vengo, voy a colgarlos de un cable”. Yo ni lo hice ni se me ocurrió. Yo me quedo desde abajo, haciendo el papel del que se pregunta y admira nada más.

Admirable la precisión. Imagine usted la aerodinámica extraña, amorfa y hasta sospechosa que puede tener un par de zapatos medio acabados. Podrá adivinar con facilidad que el vuelo de este par de objetos, amarrados el uno al otro, no es tan predecible como sería, por ejemplo, el de una pelota de tenis o el de un papel arrugado camino a la basura.

Admirable la decisión. Usted y yo sabemos lo difícil que es, en condiciones normales, despedirse de unos zapatos viejos, no importa cuán rotos, desteñidos o despegados estén. Siempre hay un argumento válido para darles una temporada más en el fondo del armario: “deje que a mí me sirven para cuando pintemos la casa” ó “qué me los va a botar, si esos yo los uso para jugar micro”.

Admirable el método. Superada la fase de desprendimiento emocional del calzado, hay que decidir cuál es la forma de dar el paso. Lo que cada uno haga en una situación como esta define la clase de persona que es. El práctico lo hace de un tirón como quien arranca una curita: cierra los ojos y lanza el par de zapatos al fondo de la basura. No mira atrás, el que mira atrás pierde. Está también el caritativo, más dado a acordarse del hijo de esta señora que no tenía cómo comprar unos zapatos para jugar por las tardes después del colegio. El caritativo mira a quién y hace el bien.

Pero el aplauso del día se lo lleva el poeta. Él calcula el peso, imagina la parábola y lanza y acierta y lo hace parecer simple aunque sea complejo (o al revés). El poeta piensa en el reto mental que le plantea su acción al conductor o al transeúnte. Uno, conductor o transeúnte, descubre el par de zapatos colgando y se va tranquilo. Sigue viviendo con la idea de pensar que en cada cuadra de cada barrio donde haya un par de postes y un cable atravesando una calle, puede haber una persona con una visión diferente de la vida. Alguien con ganas de darle la vuelta a cada cosa que hace, no importa que se trate nada más de un par de zapatos.


* Dedicado a Nanda, que se la pasa mirando al cielo como esperando quiensabequé. Hoy tuvo el acierto de mostrarme un par de zapatos viejos colgando de un cable en una calle de barrio cualquiera. Yo sólo tomé la foto, el mérito es suyo.