El Shamisen es el instrumento músical japonés por excelencia. Cuando uno piensa en música japonesa, es el sonido del shamisen el que empieza a reproducirse mentalmente. Es un instrumento de 3 cuerdas más parecido a un banjo que a cualquier otro instrumento conocido, que era construído tradicionalmente en madera, luego en lata.
Pero el más reciente avance en la historia del instrumento es su versión eléctrica, que ha posibilitado de alguna manera el acercamiento de la música tradicional japonesa a este lado del mundo, llegando a ser fusionada incluso con ritmos electrónicos. Como muestra de eso, hay algo en los compilados Asian Lounge.
El de hoy es uno de los interpretes más representativos del shamisen moderno, llamado Hiromitsu Agatsuma, quien intenta fallidamente fusionar los sonidos del instrumento con música electrónica, pero que entre otras cosas, tiene temas más acústicos y que conservan algo de la esencia original de la música japonesa, acompañados con sonidos más familiares para nuestros oídos, como el del piano
Uno de esos casos es el tema Yuu. Empieza muy suave y a la altura del minuto 2:00 se pone un poco más salvaje.
09 Apr
Posted by: Juan Diego in: Música, Recomendaciones
Gomez es un grupo británico alternativo que logra un sonido interesante sin recurrir demasiado a la música electrónica o instrumentos extraños traídos de la india o hechos con vegetales. Para mí son una síntesis de música de los años 90 pero todavía siento que si digo eso dejaría cosas por fuera, así que mejor no lo digo.
Gomez trató de entrar un par de veces en mi vida. La primera hace 3 años, escuchando el programa de Alvaro González en la Radiodifusora Nacional, sonó alguna canción que no recuerdo bien y apenas escuché una trompeta apagué el radio.
La segunda vez, hablando de música con una niña después de un concierto. Estábamos en la rutina de que yo le decía un grupo y ella lo conocía y luego ella me decía uno y yo lo conocía y eso nos acercaba de alguna manera que no puedo explicar. Por eso cuando me preguntó si había escuchado Gomez yo sin pensarlo demasiado dije “claro, me encantan las trompetas”. Hizo mala cara y el resto de camino se perdió entre las gotas de agua en la ventana del taxi.
Ya tengo todos los discos y la trompeta por ningún lado. Aún así, sin trompetas, pitos ni flautas, hay cosas chéveres.
Emilie Simon es a primera vista sólo una cara bonita. Si yo entendiera algo del francés de las entrevistas que he podido encontrar de ella, podría talvez decir que es muy inteligente o que tiene un humor delicioso. Tristemente casi todo lo que sé de ella se limita a lo musical. Y con la música que hace, a veces me alegro de no entender lo que dice. Eso de alguna manera hace de elemento cómplice en pro del feeling extraterrestre de los arreglos electrónicos o los pequeños gestos que hace con la voz. Tal vez son esos detalles los que hacen que muchos entendidos la lleguen a comparar con Björk.
Emilie es francesa como Camille, Edith Piaf, Napoleón y el inspector de la pantera rosa juntos tomándose fotos en la punta de la torre Eiffel (no confundirse por su nombre aparentemente anglosajón o la letra de la canción posteada). Tiene encima tres discos: el primero, uno muy nuevo y el del medio, que es la banda sonora del documental La Marcha de los Pingüinos y que es absolutamente fantártico.
Este disco está armado con una serie de sonidos y canciones como sacados del congelador, que van de maravilla con la calidez del pingüino promedio y que son un perfecto acompañamiento musical en las mañanas bogotanas más frías.
Antes de que nos cansemos de escuchar este tipo de música yo quisiera hablar del grupo neoyorquino Si-Sé, del cual poco se sabe pero no porque sean malos o excesivamente underground sino porque, creo yo, el nombre es medio complicado de buscar en internet.
Nacieron informalmente como grupo hace un par de años con un disco titulado (igualmente) Si-Sé, que combinaba la electrónica con ritmos latinos y árabes (en ese estricto orden). Era una iniciativa principalmente liderada por Carol C., neoyorquina, de padres dominicanos y abuelos árabes (en ese estricto orden) que fuera luego secundada por Cliff Cristofaro (neoyorquino) como teclista y programador y Neil Ochoa (venezolano) como percusionista (en ese estricto orden). Luego vienen tres integrantes más, pero los tres primeros son la base principal del grupo.
Ese primer disco, aplaudido por David Byrne (de quien se dice es un señor que no aplaude mucho porque tiene las palmas de las manos delicadas) fue, luego de un espacio considerable de tiempo, seguido por More Shine, un disco aún soportado en la electrónica pero un tanto más orgánico e incluso acústico. A veces, sólo a veces, llega a ser hasta melancólico.
A mí me gustan ambos trabajos, cada uno por su lado.
A Camille me la encontré por casualidad averiguando por una señora llamada Leslie Feist de quien seguramente les hablaré después. Estaba destacada entre otras cantantes francesas, porque bueno, Camille es francesa. Estudió Ciencias Políticas en París y se aburrió de la vida y se dió cuenta de que podía cantar, y que lo hacía de forma maravillosa y que tenía una creatividad más digna de una artista que de un senador.
Entonces grabó un disco, Le sac des filles y luego otro: Le fil (que traducido al español sería como “la cuerda” y traducido al inglés sería como “the string”). Todo el disco y la gira y la actitud de la vieja se rige por ese concepto de la cuerda. Durante todo el disco escuchamos una nota que permanece todo el tiempo, desde la primera canción hasta la ultima. Así mismo, en los conciertos se dibuja una linea en la cara y se amarra a los lados del escenario con una cuerda. Eso es chevere, pero al grano, que lo importante es la música.
Si bien podíamos decir que el primer disco tenía influencias de música tradicional francesa traída de más allá de los años 60 y algo de pop, en este segundo disco me declaro perdido, pues no identifico nada conocido. Y eso me gusta. Casi sin ayuda de instrumentos musicales (salvo un piano y un bajo y algo más) el disco está soportado en arreglos vocales hechos por ella y Martin Gamet, que hace de human beatbox.
Elegir una canción para mostrarles aqui fue dificil así que me fui por la más vendedora que se llama Ta Douleur y cuyo video anda por ahi. Yo más bien recomendaría buscar el disco.
Arsenal es un grupo de belgas del cual se sabe muy poco y al cual llegué hace un tiempo por medio de algun link en myspace (vale la pena seguir los links en myspace). Son en esencia y como muchas iniciativas recientes, solo dos personajes: Hendrik Willemyns y John Roan. Productores, compositores y demás del grupo, que cuando tocan en vivo invitan a una parranda de amigos a que toquen los instrumentos, canten y hagan ruido.
Su segundo disco: Outsides, es un disco que por su falta de homogeneidad coincide en acertar en muchos de mis actuales intereses musicales como si fuera un popurrí musical de fin de año hecho por mí. Es mas o menos eso pero prometo que un poco mejor.
La gama de cosas que uno escucha cuando pone Outsides en estricto orden va desde el mal-llamado worldmusic hasta la electrónica, pasando por el pop y el rock. En medio de todo eso hay cosas que vale mucho la pena escuchar.
