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September, 2004 » Artículos

Un comentario

“…yo soy como una imagen en 72 dpi…. cuando usted me ve asi de lejitos me ve bien, pero acérquese un poquito y verá que ahi sí ya me pixelo”

“Cuánto me hice?”

Cuando tenía algunos años menos y era oficialmente un niño, estaba bien tener Nintendo, pero tambien se hacian caucheras, se jugaba fútbol y se montaba en bicicleta. No digo que cazáramos mariposas o construyéramos casas en los árboles, pero joder, teníamos un poco más de vida, más mugre en los cachetes que los niños de hoy.

Una de las mejores cosas era montar en bicicleta, jugara caravana por todo el conjunto con los otros niños, “chuparle llanta” al de adelante y luego frenar en seco para dejar la marca más larga sobre el pavimento. Cuando eso, aclaro, acabábamos de superar la horrible Monareta y ya estábamos montando en bicicletas Cross, por supuesto con freno Coster.

Hacíamos carreras y había una niña que cronometraba el tiempo con un reloj Casio que me había regalado la tía gringa el día de mi primera comunión. Yo era delos que llegaba de ultimo casi siempre, me gustaba disfrutar del paisaje, bajar los andenes apoyando las piernas, frenar cuando pasaba por un policía acostado, hacerme a unlado cuando venía carro y así todas las medidas que fueran necesarias para llegar con vida a la tienda de Don Enrique.

Como quiera que fuera, aunque hubiera llegado de último, era tradición de todos al llegar a la meta, preguntarle a la niña, de quien ya casi no me acuerdo… “¿cuanto me hice?” mis tiempos eran ridículos pero igual lo disfrutaba y no me acomplejaba por diferencias insignificantes de 2 o 3 minutos.

Hoy estaba en un café internet, el café de Helenita, donde la única que toma café es ella, y luego de ver mi e-mail y revisar el blog, salí, me acerqué a Helenita y le pregunté espontáneamente “¿Cuánto me hice?” ella me miró y se rió. Yo también, como un idiota.

Será Helenita la niña del cronómetro? quien sabe, pero que me gusta Helenita, me gusta.

Ascensor

Entro a un edificio de oficinas, dejo un documento, me dan mi ficha de visitante, camino hacia el ascensor, entro, las puertas permanecen abiertas todavía y veo que viene corriendo una niña linda hacia el ascensor. Yo soy todo un caballero, asi que me parece un lindo detalle presionar el botón para mantener las puertas abiertas (<>) para que la niña en cuestión alcance a subir, cosa que al menos me de las gracias.

Y entonces, por error, por cosas del destino o porque definitivamente como dice mi papá, soy descaradamente torpe, presioné el botón que estaba justo al lado (><) y vi como las puertas se cerraban a centímetros de la nariz de la niña de mis sueños.

Cuando caí en cuenta de mi error, presioné tres veces el botón para abrir las puertas de nuevo, pero ya fue demasiado tarde. Solo quedamos: yo, el ascensor que decía soportar el peso de 8 personas y y por supuesto, de pared a pared y del piso hasta el techo, un espejo enorme que me repetía con lástima: “idiota”.