Ya sé que hay mucha gente que ultimamente sueña con irse a vivir a Japón. La moda, el cine, el sushi y los muñequitos de animé pueden llevarlo a tomar una decisión apresurada, así que antes de cometer cualquier locura, piénselo dos veces.
Entender una cultura tan diferente puede llegar a ser algo dramático para un occidental desprevenido. Hay cosas que simplemente son distintas y punto: las costumbres en las calles, la comida, el idioma, el clima, la forma de reaccionar ante un reptil del tamaño del Empire State, etc…
Más complejo todavía es el tema de la vivienda. Hay varios aspectos que la diferencian radicalmente de los tipos de vivienda occidentales y hay cosas con las que simplemente hay que hacerse el entendido y tratar de convivir sin preguntar mucho. Los japoneses desconfían de los occidentales que preguntan mucho.
Los espacios son cada vez más pequeños y los recursos son cada vez menos. Es por eso que los japoneses están aprendiendo a optimizar y hasta comparten espacios como la cocina y el baño con sus vecinos. Al respecto del último item, los japoneses cada vez más ven el baño diario como un ritual, razón por la cual han empezado a instalar bañeras tipo occidental, de esas que no hay en mi casa y probablemente tampoco en la suya.
Es importante destacar que la bañera será llenada una sola vez al día y de ella deberán hacer uso todos los habitantes de la vivienda, sin usar nunca jabón y sin hacerle el feo a uno que otro vecino interesado en compartir la bañera con usted.
Los apartamentos (apartos) están conformados por un único conjunto de paredes que lo separan de los apartos vecinos. Adentro del aparto todo se divide por medio de frágiles separaciones con puertas corredizas (fusumas) forradas en shoji: un papel traslúcido que se consigue en cualquier papelería decente japonesa y que hará de su intimidad el espectáculo de sombras chinescas de sus compañeros de aparto.
El shoji es un material frágil, lo cual hará prácticamente imposible su sueño de colgar una cabeza de venado o empotrar un televisor en alguna de las paredes de su cuarto.
En Japón hay muchos terremotos, por eso los japoneses tienden a tener las cosas más a la altura del suelo: entre más abajo estén sus muebles, más bajas son las probabilidades de que les caiga un jarrón milenario en la cabeza.
En consecuencia, cualquier japonés puede, con toda tranquilidad, andar descalzo por toda su casa. Dado que las mesas, las camas, las sillas no tienen patas, el riesgo de darse un golpe en el dedo meñique del pie es mínimo.
Ahora lo de andar descalzo es toda una tradición y casi una obligación social. Entrar con zapatos a una vivienda japonesa es una forma de decir no sólo que desconfía de su anfitrión, sino de su criterio a la hora de cortar las patas de sus muebles.
